mercado central

Inaugurado en 1897, el Mercado Central de Budapest sigue siendo uno de los mercados más importantes de la ciudad, donde padres de familia, señoras ancianas y jóvenes parejas hacen sus compras de fin de semana. Durante la semana también permanece abierta, sin embargo en los últimos años se nota una acusada disminución en las ventas y en el número de clientes: los horarios de los mercados no pueden competir con las de los supermercados y los hipermercados. En Budapest se nota el mismo fenómeno que en el resto de Europa: los edificios de los mercados reciben nuevas funciones, convirtiéndose en supermercados o dando lugar a bares, restaurantes y tiendas.

El Mercado Central funcionaba también como mercado de al por mayor y proveía los mercados de barrio. En la planta baja se vendían hortalizas, frutas, productos lácteos y carne. En la parte de atrás, en un recinto separado del resto del mercado, había un corral, con gallinas, ocas y pavos que se vendían vivos. En el sótano se encontraban los almacenes, y aquí vendían también pescado, y no solo pescado de río, sino también pescado y mariscos provenientes del mar Adriático, una curiosidad en el Budapest de la época. En la planta de arriba estaba prohibida la venta de productos alimenticios, por tanto esta parte estaba destinada a la venta de mercancías de mimbre, de papelería o de flores.

Para asegurar un perfecto suministro de mercancías, se estableció un contacto ferroviario directo con el mercado: los rieles entraban en el paso subterráneo del mercado (que pasa por debajo de lo que hoy día es la Universidad de Económicas, antigua Casa de Aduanas), de donde los productos se transportaban al interior del mercado. El puerto fluvial también se encontraba en las inmediaciones del mercado, así que la logística en torno al mercado funcionaba la perfección.

Tras la fachada ecléctica, la construcción de acero y el colorido techo decorado con cerámica Zsolnay había pues una planificación urbanísitica responsable y un diseño inteligente, destinado a servir los intereses de los ciudadanos. En el nuevo edificio recibieron una singular importancia la calidad de los productos, las condiciones higiénicas y el trato a los clientes, garantizados por el propio diseño y por estrictas reglas. Los ventanales, por ejemplo, están ubicados en los muros laterales, para que la luz no entre desde arriba y no dañe los productos; en el nuevo edificio prohibieron, entre otras cosas, escupir, gritar a los clientes o tratar de endilgarles la mercancía. En fin, el nuevo mercado de la ciudad introdujo al mismo tiempo una nueva cultura de comerciar, que en parte sigue vigente hasta hoy día. Aunque el comportamiento de los vendedores a veces da que desear, la limpieza del mercado es impecable, y la amplia gama de alimentos satisface las exigencias de los vecinos del barrio.

En la planta de arriba se encuentra una multitud de restaurantes y puestos de comida local, como el lángos (masa de pan frita en aceite vegetal) o el gulash. Sin embargo, no os recomendamos comer allí, es un lugar demasiado turístico y orientado a sacar el máximo provecho del negocio, ofreciendo al mismo tiempo una calidad bastante baja. En 2013, el Nagycsarnok fue elegido el mercado más bello de Europa en una votación organizada por la cadena de televisión CNN Internacional. Desde entonces no se reaizado una nueva encuesta.